Los peligros de salir de la Zona de Confort

La proliferación de coaches provenientes de diversas disciplinas y conocimientos ha provocado innumerables beneficios para las personas y las organizaciones que han recibido sus servicios. Bien es cierto, que para grandes beneficiados podríamos incluir a los propios coaches, subidos a una ola de exaltación humanista y de psicología positiva que se ha extendido en los últimos 15 años. De ello nos alegramos, ya que con su trabajo abrieron el campo a otros profesionales que hemos ido llegando posteriormente.

Ni que decir que el Coaching es una disciplina (no me atrevo a llamarla metodología) que está cosechando innumerables éxitos en muchos ámbitos de la vida: Deporte para el alto rendimiento, equipos, ventas, retail, personal, y así hasta decir basta. Su difusión con corrientes provenientes de todas las partes del mundo; ontológica, sistémica, coactiva, europea,.. ha ayudado a su reconocimiento y desarrollo, dando así muestras de su «profesionalización”.

Cuando una corriente o disciplina se extiende, también suelen hacerlo sus términos y conceptos más utilizados. Uno de los más conocidos por el cliente debido a su uso y abuso en el procesos de coaching es la zona de confort. 

El concepto zona de confort se entiende como  el espacio personal compuesto de estrategias y actitudes que utilizamos a menudo y con las que nos sentimos confortables y seguros. Es una zona que abarca lo conocido, donde estamos a gusto y tenemos la situación controlada. Por lo tanto es entendible que si no hay experiencias nuevas no hay nuevos aprendizajes.

«Según esta premisa comprendemos cuando un coach explica que saliendo de nuestra zona de confort obtendremos una vida más “plena”, llena de experiencias y aprendizajes que nos ayudará a sentirnos bien con nosotros mismos. En este caso estaremos dotados de herramientas para actuar ante las experiencias nuevas que nos da la vida».

Hay situaciones en las que no todo ocurre como quisiéramos,  bien sea desde la profesión de coach mal ejercida, desde el “amigo-coach”, o desde  otras «disciplinas» promoviendo una serie de actitudes y comportamientos (salir de la zona de confort es una de ellas) “escarbando” en la mente de las personas a través de la indagación y  por medio del cuestionamiento. Estas conductas que parecen banales y buenos consejos pueden resultar peligrosas más si cabe si careces de los conocimientos teórico-prácticos de la psicología u otras ciencias de la salud cuando hay patologías subyacentes. Además de ser una temeridad.

Quisiera aprovechar para enunciar algunas situaciones en las que los coaches no deben “favorecer” que la persona salga de la zona de confort:

  1. Cuando hay nuevos aprendizajes en la persona que necesitan un tiempo para afianzarse. En este caso se trataría de mejorar en su destreza hasta que la personas adquiera la seguridad y confianza necesaria para dar un paso ante nuevas experiencias. Es decir, a nadie se le ocurre aprender a montar en moto si no sabe andar en bicicleta.
  2. Cuando hay trastornos y enfermedades psicológicas. Un ejemplo muy claro lo encontramos en la dificultad a la hora de diferenciar entre una depresión, un estado de ánimo melancólico, o pasar por una fase de duelo. En este caso no corresponde a un coach diagnosticar, ni siquiera acompañar.
  3. Cuando la persona cuenta con una baja autoestima que requiere de un refuerzo desde el reconocimiento personal y no desde nuevas experiencias que paralizan o bloquean a la persona.
  4. Cuando se dan situaciones personales en que no disponemos de recursos para ser resilientes ante las posibles consecuencias negativas de las acciones que emprendamos. Como ejemplo a nadie le gusta que le deje un@ novi@ aún así puede ser asumido fácilmente pero si esta situación se repite varias veces en unos pocos meses igual es más difícil de sobrellevar.

Frente a estas situaciones descritas contrarias a salir de la zona de confort, en mi práctica como coach, la gran mayoría de las personas que me he encontrado quieren alcanzar una meta, un objetivo o un propósito. Para ello es necesario salir de la zona de confort, pero se topan con la dificultad de hacerlo si no es con el acompañamiento de un coach. 

En conclusión….

el confort personal no se encuentra ni fuera ni dentro de una zona sino donde está el camino que conduce a vivir desde nuestro convencimiento en los valores personales.

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